Las revoluciones atlánticas

El juez señaló a Tot de haber obrado mal al mostrarles a las autoridades indígenas de Cobán un documento acerca de la anulación de los repartimientos, a lo que este le respondió: “Que después de haberse publicado el citado bando en esta capital fue él que declara (…) porque sus hermanos los Indios tuvieren el […]

El juez señaló a Tot de haber obrado mal al mostrarles a las autoridades indígenas de Cobán un documento acerca de la anulación de los repartimientos, a lo que este le respondió: “Que después de haberse publicado el citado bando en esta capital fue él que declara (…) porque sus hermanos los Indios tuvieren el consuelo de verse ya libres de las vejaciones y perjuicios que antes han sufrido…”.

 

Declaración de Manuel Tot, 1 de enero de 1802.

 

Acto I. La edad de la toma de decisiones

Es 1802, la Audiencia de Guatemala ha declarado la anulación del repartimiento de mercancías en el Reino. Miguel de Cabra, Alcalde Mayor de Verapaz, como máxima autoridad regional, debía confirmar y acatar la orden pero no lo hace. Esto ocurre porque muchos asumen estos puestos para enriquecerse y ser intermediarios entre los pobladores del Reino, los sacerdotes, los burócratas, los comerciantes y los contrabandistas de la Capital. Estas redes, ligadas a párrocos y burócratas, vivían de lo que la gente de la región les tributaba en dinero, granos y servicios sin obtener ninguna retribución a cambio.

 

Un muchacho comerciante y traductor de casi 24 años, llamado Manuel de la Cruz Tot, aparece en este escenario. Ha aprendido el castellano gracias a que los curas lo enviaron a Ciudad de Guatemala para ser seminarista. Sin embargo, su espíritu de comerciante y el saber dos idiomas lo llevan por otro sendero. En algunas ocasiones, sus habilidades son requeridas para colaborar con el cobro de tributos, con lo que se gana el rechazo de la gente. Ese año, Tot lleva el documento que informa la anulación de los repartimientos a las autoridades indígenas. Esto lo ha posicionado junto a las autoridades q’eqch’ies como un personaje capaz de limitar los abusos del Alcalde Mayor y los curas. Este es el inicio de un sinuoso sendero en la vida Manuel.

 

Acto II. Los impuestos

Los imperios europeos (España, Portugal, Inglaterra y Francia) se reparten la mitad del mundo. Es época de guerra. Gran Bretaña y Francia se enfrentan en Norteamérica e India. Pero se necesitan recursos y dinero para patrocinar estas guerras. Por eso, los españoles aumentan los impuestos. El rechazo no se hace esperar. En Los Andes, la rebelión sacude los virreinatos del Perú y de Nueva Granada (hoy Panamá, Ecuador, Colombia, Venezuela y parte de Guyana), y las Trece Colonias del Norte declaran su independencia. Es el inicio de un nuevo mundo.

Es 1803, a la plaza de Cobán ha llegado gente que ha caminado días enteros desde sus pueblos. Muchos cargan solamente sus ropas, machetes y sombreros de petate. Han sido convocados por la inconformidad y la insatisfacción del cobro de tributos. Sus voluntades son impulsadas por la misma tierra que les vio nacer, pero su enojo tiene raíces en el mundo que les ha tocado vivir.

La Corona ha decretado cobrar una misma cuota de impuestos a todos los pueblos indígenas porque son ellos quienes sostienen con su trabajo y tributos al Imperio. Para algunos es un alivio, pero para Cobán es una carga pesada. El distintivo de las personas reunidas es el sombrero de petate que llevan en sus cabezas. Con una señal, la gente manifiesta su rechazo a las decisiones de los españoles. De nuevo, Manuel ha sido el traductor pero, en esta ocasión, ha sido rechazado al estar “del lado de los españoles”. Quizás el ser un comerciante y hallarse en el medio le deja pocas opciones. A pesar de todo, el rechazo de la gente se hace manifiesto y su descontento aumenta. Tot tendrá que tomar una posición al respecto.

 

Acto III. La conjunta

Año 1813, el rey de España es apresado por los franceses y en todo el Imperio hay cambios. En El Salvador, Honduras y Nicaragua se suscitan estallidos populares en contra del poder español. Muchos son encarcelados y todos son vigilados. Se ha constituido un tribunal para denunciar a acusados de sedición y rebeldía contra la Corona. Aparecen personas que informan y acusan. Ciudad de Guatemala está bajo el ojo vigilante del Capitán General Bustamante quien busca defender su régimen, pero sus decisiones provocan una contenida indignación y silencioso rechazo.

Un año antes, se había promulgado la Constitución de Cádiz, pero el gobierno no la cumple. En todo el imperio se han manifestado juntas para conocer la opinión y la voluntad general de los habitantes. Muchos pueblos indígenas han decidido no pagar tributos, ya que la nueva ley así lo ordena. En Totonicapán, el Alcalde Mayor, Narciso Mallol, aplica la ley y se gana el apoyo popular. Como consecuencia, los caciques y ladinos más poderosos huyen a Quetzaltenango.

En la ciudad, párrocos, militares, profesionales, estudiantes y algunos comerciantes, quizá imitando el ejemplo de los insurgentes mexicanos, conspiran en el Convento de Belén. Su objetivo: liberar a los presos salvadoreños y nicaragüenses, y sacar a Bustamante del poder. Cubiertos por el manto de la noche o por túneles secretos, se reúnen para organizar un plan acorde a sus objetivos. Algunos ya han tomado contacto con el líder insurgente mexicano José María Morelos. Hay tres indígenas, dos nicaragüenses y un guatemalteco: el fraile, Doctor en Teología, Tomás Ruiz; el estudiante de Derecho, Modesto Hernández; y el comerciante, Manuel Tot. Se dice que Manuel ofreció a otro conjurado, Pedro Molina, que daría “quince mil indios” para apoyar el levantamiento, pero este último no tomó ninguna decisión. La conspiración es descubierta y sus miembros denunciados. Algunos son encarcelados y otros huyen.

Manuel se dirige a Nueva España (México), pero enferma y temiendo su muerte busca confesarse. El confesor Mariano López Rayón lo denuncia a las autoridades del Reino. Por ello, es arrojado a las mazmorras y su condición empeora; muere en la cárcel en 1815. Se rumora que su última decisión es ser enterrado con sus grilletes, porque mientras su pueblo no fuera libre, él tampoco.

Concepto clave: tributo

 

Los impuestos, durante el gobierno colonial, eran la base de todo el sistema político. Eran usados para financiar los gastos de la Corona en burocracia, milicias y guerras, entre otros. Si bien existían varios tipos de impuestos, los más importantes eran los exigidos a los pueblos indígenas. Estos fueron la base de la dominación española. Asimismo, a pesar de estar prohibido, muchas veces no solo les exigían tributos, sino también trabajos físicos y servicios personales, sin que se les pagara nada.

 

 

Para el docente

A continuación puede crear una mesa de diálogo sobre las siguientes preguntas:

 

  • ¿Qué rol tuvo Manuel Tot en su pueblo natal?
  • ¿Siempre fue aceptado por la población? ¿Por qué?
  • ¿Asumió las consecuencias de sus decisiones?

 

Narre a sus estudiantes estos acontecimientos de forma vivencial para motivarlos.

 

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