berrinche

  Así como algunas personas sensibles a la luz tienden a huir o esconderse de reflejos fuertes, algo similar ocurre con el berrinche de un niño, esa es su manera de reaccionar ante un estímulo.   El berrinche es una reacción, generalmente de forma exagerada, ante un estímulo del entorno que se considera fuerte. Es […]

 

Así como algunas personas sensibles a la luz tienden a huir o esconderse de reflejos fuertes, algo similar ocurre con el berrinche de un niño, esa es su manera de reaccionar ante un estímulo.

 

El berrinche es una reacción, generalmente de forma exagerada, ante un estímulo del entorno que se considera fuerte. Es una forma de escapar o evadir algo que molesta o incomoda. Puede presentarlo cualquier persona, desde un niño hasta un adulto, aunque suelen ser más notables en niños.

 

Las rabietas o berrinches pueden presentarse de varias formas, por ejemplo, como un llanto fuerte, gritos, pataletas, dejarse caer al suelo y tirar objetos, entre otras opciones. Casi siempre hacen sentir molestos, impotentes o avergonzados a los padres, sin embargo, hay esperanza porque son conductas que pueden llegar a modificarse.

Para comenzar, hay que tomar en cuenta de que no existe una edad fija para los berrinches aparezcan. Desde que un niño puede señalar objetos o darse a entender, aunque no hable todavía, ya está en posibilidad de hacerlos.

 

Ocurren por diferentes causas, cansancio, hambre, incomodidad, miedo, angustia, enojo, falta de comprensión o deseo de hacer algo, entre otros.  Generalmente los niños tienden a hacer berrinches con las personas conocidas, pues son con las que se sienten más cómodas y en confianza.

Características

  • Funcionan para conseguir algo del ambiente.
  • Son conductas desadaptativas, desproporcionadas en intensidad, forma y frecuencia que no corresponden a la edad y habilidades del niño.

 

Refuerzo por parte de los padres

El berrinche es una conducta aprendida que no es funcional. Se aprende por asociaciones ambientales o respuestas en función de lo que se obtiene. Muchas veces son los mismos padres o familiares quienes refuerzan esas conductas.

Un niño que hace berrinche ha aprendido que para conseguir atención u otras cosas de poco le sirve pedirlo de forma normal, debe hacerlo a base de gritos para obtener éxito. Son los padres quienes le indican al niño hasta dónde debe llegar.

 

Busque siempre enseñar

Es muy común que, ante un berrinche, los padres o adultos encargados intenten corregir esa conducta imponiendo castigos. Esto incluso puede ser algo cultural, pues por tradición se enseñan castigos que, supuestamente, han modificado algunas de estas conductas en generaciones pasadas.

Sin embargo, en la actualidad se recomienda evitarlos porque, aunque sí modifican conductas, los castigos tienen repercusiones que pueden llegar a dañar al niño. Además, debe tomarse en cuenta de que el castigo no enseña, pero sí afecta los aprendizajes y las relaciones futuras.

Lo que se buscar es modificar la conducta a través del vínculo y refuerzo positivo. Que el niño escoja hacer algo por decisión propia, que sienta agrado por hacerlo y lo haga.

 

Despídase de los berrinches

Ponga manos a la obra, primero debe estar consciente es de que modificará las consecuencias ambientales, no cambiará a su hijo. Siga estos pasos.

  1. Cree un escenario de éxito. Busque lograr un aprendizaje. Observe la conducta, preste atención al momento, lugar, las personas presentes y la hora en que ocurre el berrinche. Identifique las condiciones ambientales que facilitan ese comportamiento. Anticípese, piense en lo que puede modificar a nivel ambiental para que todo empiece a mejorar.
  1. Ignore los fallos y redirecciónelos hacia lo que sí funciona. Durante un berrinche, hay momentos en que el niño respira o baja la intensidad, intente prestarle atención en ese instante. Cuando grite o llore, retírele la atención. Él entenderá que si se calla,  mamá o papá lo atiende, si grita, no. Distraiga su atención con una pelota, olor o algo que a él le llame la atención. A lo que usted preste atención es lo que él va a repetir. Lo que se refuerza se repite.
  2. Practique el refuerzo positivo. Los reforzadores pueden ser juegos, tiempo, atención, actividades, paseos, comidas, helados, entre otros. La característica principal es que motiva el comportamiento, hace que este se repita. Incrementa la probabilidad de que cierta conducta aparezca. La diferencia con los premios es que estos últimos son dados sin tomar en cuenta los gustos e intereses de los niños.

 

Evite restringirle al niño aquello que necesita para su funcionamiento y desarrollo, por ejemplo, la comida o a actividades lúdicas. Si usted considera que los episodios de berrinches lo llevan a niveles desesperantes, busque ayuda. Lea libros sobre reforzamiento positivo, asista a cursos o visite profesionales que le ayuden a resolver su situación de forma inmediata. Los berrinches no se arreglan solos ni con el tiempo, se arreglan aplicando técnicas científicas. Inténtelo, sus hijos se lo agradecerán y usted lo disfrutará.

 

Fuentes: Ana Lucía de León, psicóloga especialista en conducta y aprendizaje, clínica Mind

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