Argentina precolombina: pueblos

Pueblos más importantes de la Argentina precolombina y su influencia en los pueblos amerindios actuales del territorio.

8-10

AÑOS
Por Gabriela Achury

 

Foto: Encyclopaedia Britannica

Aunque se conoce poco de estos pueblos que ocuparon gran parte del territorio argentino, su influencia ha perdurado hasta el día de hoy. Muchos de estos pueblos antiguos han conservado parte de su cultura con el pasar de los años y hoy en día representan entre el 2 y 3% de la población de Argentina y ocupan diversas áreas del país.

 

Luego de la gran invasión Inca al territorio, se desarrollaron diversas  tribus formales que fueron las encontradas por los españoles en su llegada al territorio y dieron paso a los pueblos que hoy encontramos en Argentina.

 

Pueblos que dieron paso a los actuales

 

Diaguitas:

Tribu que habitó los cerros y valles del noroeste argentino en Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja y San Juan y en los valles transversales del Norte Chico en Chile.

Su nombre viene del quechua (la lengua inca) y significa “serrano”.

Algunas culturas basadas en la agricultura y alfarería dieron paso al desarrollo de este pueblo, como eran la de Santa María, Belén y Sanagasta.

Tuvieron un gran desarrollo tecnológico y político que, junto a su cultura guerrera, permitieron oponer resistencia a la llegada de los españoles en 1550.

 

Foto: Pueblosindígenas.es

Atacamas:

Grupos que habitaron el desierto de Atacama al sur de Bolivia y norte de Chile y Argentina hasta el descubrimiento por los españoles.

Poseían una lengua distinta a las manejadas por los demás pueblos (aymara o quechua) llamada Kunza.

Fueron un pueblo agricultor y ganadero con grandes avances como la siembra en terrazas a través de la cual aprovechaban la escasa agua recibida para cultivar verduras, tabaco, maíz, papas y quinoa. También criaban llamas y alpacas por su carne, lana y como medio de transporte y comercializaban la sal por cerámicas diaguitas y peruanas.

 

Omaguacas:

Ubicados en las cuencas del Río Grande, Lavayen, San Francisco, Zenta, Iruya, Bermejo (Argentina), Tarija y Bermejo Bolivia, fueron un grupo denominado por los primeros cronistas como los humoguacas (Jefe Sagrado).

Convivían con los Diaguitas, Atamacas y las comunidades guaraníes de los Chiriguanos  mediante actividades como la guerra o el comercio. Eran un pueblo con gran estrategia militar y con diversidad de recintos fortificados de piedra desde los que combatían a sus adversarios.

Poseían grandes rebaños de llamas e intercambiaban sal por cerámica diaguita y peruana. También trabajaron el cobre, estaño, plata y oro para fabricar armas e instrumentos. Cultivaban en terrazas y guardaban parte de sus cosechas en silos subterráneos y se cree que su lengua era el aymara o una lengua chicha del sur de Bolivia aunque no hay registros oficiales.

 

Los Colla

Luego de la conquista española y la mezcla de culturas, de los tres principales pueblos en el noroeste argentino (Diaguitas, Atacamas y Omaguacas) surgieron los Collas, un grupo de orígen quechua y aymara que provenía de Bolivia pero se estableció en las provincias de Jujuy y Salta principalmente.

A pesar de que con el tiempo y la influencia española perdieron su organización comunitaria original, su familia extensa, su tecnología cerámica, cambiaron su religión y vestimenta, son los auténticos portadores de la forma de vida andina de los antiguos pobladores.

Foto: La nueva Argentina

Los Colla todavía mantienen ciertas características culturales como son la economía pastoril de altura, el cultivo de papa y maíz, la recolección de sal, la construcción de viviendas, la medicina tradicional y sus técnicas de adivinación, algunos instrumentos musicales como los erques, quenas y sikus y sobre todo su culto, creencia y rituales relacionados con la Pachamama.

 

Actualmente no tienen tierras propias pero todavía se ubican en Jujuy y Salta desempeñando diversos trabajos de agricultura y ganadería, aunque también se han visto forzados a reubicarse como empleados y obreros en ciudades y mineras alrededor de la cordillera, desplazándose de los espacios físicos de sus ancestros.