El cazador y la perdiz
Una mañana, un cazador escondió varias trampas en un bosque y se puso a esperar a su presa. Después de un largo rato, se dio cuenta que en una de las trampas había una perdiz atrapada.
La perdiz trató de huir pero fuen en vano porque el cazador la tomó. Cuando se vio atrapada, la perdiz le dijo al cazador: «Yo conozco donde están mis hermanas, si tu me sueltas, yo te podré guiar hasta ellas, seguro te llevaras más de una presa. Todo esto será a cambio de que me dejes con vida».
El cazador titubeó, pero luego notó que la perdiz tenía malas intenciones y que no le importaba negociar el bienestar de sus hermanas a cambio de su libertad y su propio bien.
Entonces el cazador, más seguro de lo que hacía, le respondió: «Si piensas que por traicionar y vender a tus hermanas lograrás que te suelte, te equivocas. Por la manera en que me has hablado, demuestra que no piensas en los demás. Con más razón mereces ahora tu propia paga, sin incluir a otros seres que no tienen nada que ver».
Esopo
Moraleja:
Piensa en el bienestar tuyo y de los demás