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El país necesita niños que deseen ser grandes profesionales o talentosos artistas, pero Guatemala también debe tener adultos que motiven a las futuras generaciones a ser mejores ciudadanos. Este 15 de septiembre, fecha en que se celebra el Día de la Independencia, es un buen momento para analizar cuál es nuestro compromiso para enaltecer a […]

El país necesita niños que deseen ser grandes profesionales o talentosos artistas, pero Guatemala también debe tener adultos que motiven a las futuras generaciones a ser mejores ciudadanos.

Este 15 de septiembre, fecha en que se celebra el Día de la Independencia, es un buen momento para analizar cuál es nuestro compromiso para enaltecer a la Patria.

 

“Un buen ciudadano es una persona que cumple con los derechos y obligaciones que se le presentan en el diario vivir. Es decir, tengo derecho a que me respeten, pero mi obligación es respetar a los demás”, explica la psicóloga Mirna Ordóñez.

 

Para la vida

La mejor manera de garantizar que Guatemala tendrá un futuro próspero es a través de la educación de nuestros hijos. “es importante tomar en cuenta diversos valores para la formación de los pequeños. Entre estos se pueden mencionar la perseverancia, la responsabilidad, la honestidad y el respeto”, agrega la experta.

A su criterio, los padres, maestros y cuidadores deben enseñar con el ejemplo, pues durante los primeros años de vida una persona imita todo lo que ve. “Si logramos que los menores de edad se conduzcan con honestidad, vamos a conseguir que aporten cosas positivas a la sociedad”, expresa Ordóñez.

No se trata únicamente de aprenderse el Himno Nacional o saberse la historia de los símbolos patrios -conocimientos que adquirirán en la vida académica_, sino que debemos lograr que comprendan el verdadero significado de la empatía o el amor al prójimo.

“Para conseguir este objetivo podemos lanzar preguntas como: ¿Cómo te sentirías tú ante esto?, ¿cuál sería tu reacción? De esta manera se motiva a que los pequeños analicen e identifiquen los sentimientos que podrían lastimar a terceros”, recomienda Ordóñez.

Otro aspecto importante en el fortalecimiento de los valores cívicos es el amor a Guatemala. “Debemos enseñar que, a pesar de las situaciones difíciles -violencia, corrupción, crisis en salud y educativa o delincuencia-, nuestro país tiene riqueza cultural y que hay que cuidarlo y honrarlo. Recordemos que un país no cambia ni avanza, si no lo hacemos nosotros primero”, concluye la psicóloga.

 

Responsabilidad

Los niños imitan las acciones de los padres o cuidadores. Si los adultos son disciplinados con sus obligaciones, seguramente los pequeños aprenderán que su prioridad deben ser sus responsabilidades diarias. Esta es la mejor manera para marcar el camino que los menores deben seguir en la vida.

 

Puntualidad

El primer paso para inculcar puntualidad es fomentar la organización. La idea es que nuestros hijos cumplan con los horarios estipulados para ciertas actividades. Es importante hacerles ver que la impuntualidad es una falta de respeto hacia los demás. Así valorarán el uso efectivo del tiempo.

 

Respeto

Aquí entra en juego la empatía -capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos- y el amor propio. Los niños tienen que aprender a reconocer lo que les agrada y lo que les disgusta. De esta manera podrán identificar si sus acciones pueden afectar o dañar a terceros.

 

Honradez

Los menores de edad deben entender que, a pesar de la confianza que existe en el núcleo familiar, es necesaria una conducta de rectitud y cabalidad entre padres e hijos. Los padres deben recalcar que la delincuencia, en todas sus manifestaciones, es un comportamiento que la sociedad no acepta.

 

Bondad

Se sugiere conversar con los pequeños sobre las necesidades y carencias de otras personas, con el objetivo de que ellos comprendan que es importante ayudar al prójimo. En casa se puede pedir ayuda para efectuar tareas simples, pues compartir y apoyar siempre serán un acto de bondad.

 

Tomado de la sección Buena Vida de Prensa Libre, escrito por Cristian Noé Dávila. Fuente: Mirna Ordóñez Galdamez, psicóloga clínica.

 

 

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