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Aprendizaje de la lectura: un proceso complejo y distinto para cada niño

Por Gabriela Achury

 

Los niños, desde muy pequeños, aprenden a través del contacto con el ambiente, con todo lo que les rodea y las relaciones que forman; crean vínculos afectivos con el mundo que conocen. Este aprendizaje natural los lleva a interactuar y satisfacer sus necesidades de forma agradable y lúdica.

 

Sin embargo, cuando llegan al colegio se encuentran con otro ambiente, nuevas personas y diferentes rutinas. El tipo de aprendizaje cambia y conlleva un periodo de adaptación. El niño debe enfrentarse a una serie de actividades y ejercicios mecánicos, a extensas tareas impuestas (como planas o lecturas) y con ello, el deseo de aprender y explorar se debilita y puede volver tedioso.

Para que la enseñanza no sea negativa ante los ojos del niño, ese factor natural de explorar y experimentar debe mantenerse en la medida de lo posible, y la lectura (un hábito complicado de formar) debe formar parte de su vida. Este proceso de lectura y escritura debe ser dinámico y divertido, desarrollando la creatividad y la imaginación.

 

Foto Paul Hanaoka en Unsplash

 

Los docentes deben procurar realizar ejercicios que estimulen el desarrollo del pensamiento divergente motivando a los niños a buscar alternativas distintas a situaciones específicas. Con ello también se fomenta la autonomía, seguridad personal y capacidad de tomar decisiones.

El hábito lector, aunque se desarrollado principalmente en la infancia, también se puede adquirir en la juventud.

 

Los docentes de preescolar deben sentar bases correctas para hacer de este un proceso llamativo y no aburrido ni forzoso, respetando la progresión natural de las capacidades de los mismo niños. Cada uno será diferente, así que puede ayudar si se comparten los hallazgos con los directores y padres de familia, para así lograr la máxima comprensión y colaboración durante el proceso y no presionar innecesariamente para acelerar el aprendizaje.

 

Se pueden desarrollar diversas estrategias en la clase para dar paso al proceso de lectura, mientras más creativas e innovadoras mejor.

Algunas de estas, aplicables en preprimaria, son:

  • Leer en clase:  este es uno de los componentes principales de los programas de alfabetización. Se debe tener diversidad de libros y temas, en tamaños grandes con ilustraciones sencillas y llamativas. Se debe motivar a los alumnos previo a la lectura expresando emoción por la historia y mostrando la portada para generar conversación y expectativa del tema. Al leer en voz alta para los alumnos se recomienda señalar letras individuales para que inicien a reconocerlas.

 

  • Representar historietas: con este ejercicio logramos desarrollar el lenguaje del niño, que aprende capacidades sociales y comprende secuencias a través de la lectura. Se puede trabajar con carteles de secuencias de una historia previamente narrada para que los niños las ordenen.

 

  • Cantos infantiles: aunque esto parezca que no tenga relación con la lectura, en realidad son base para la conciencia fonética que es el conocimiento de que las palabras están formadas por letras, que a su vez tienen sonidos distintos. También se puede realizar declamación de poemas o actividades similares con temas infantiles, haciendo énfasis en los sonidos de las letras que forman las palabras.

 

  • Inicio de la escritura: previo a la escritura y lectura formal, los niños deben dominar los trazos básicos que forman las letras como las curvas y las líneas rectas. Para esta actividad hay diversidad de acciones o materiales a utilizar. No solamente implica que repasen una y otra vez los trazos de una letra, se debe también trabajar en su motricidad. En este proceso es clave colocar elementos llamativos para ellos, o pueden perder fácilmente la atención.
Foto: Sven Brandsma en Unsplash

 

Estos pasos son los iniciales para fomentar y comenzar a desarrollar la lectura en los niños. Es importante recordar que es un proceso en el que cada niño irá a su propio ritmo y no sucede de un día al otro. Las actividades se deben repetir constantemente hasta que el propio niño comience a escribir de forma natural y por consiguiente, a leer.

 

Colaboración: Lcda. Magda Najarro Vega, Centro de Formación Docente y Tecnología Educativa, Editorial Santillana.